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Transformation de conflit, de Karine Gatelier, Claske Dijkema et Herrick Mouafo

Aux Éditions Charles Léopold Mayer (ECLM)

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Fiche d’expérience

Francisco De Roux, octobre 2006

Pertinentes del Magdalena Medio. Desmovilizacion y Dignidad

Las víctimas del conflicto armado interno - madres de familia, viudas, hermanos y hermanas, hijos e hijas - realizaron en Puerto Berrío, durante dos días, un evento para sacar de la memoria pesares y sacar del silencio humillaciones y clamores de justicia ; en una actitud grande de doblegar el miedo, reclamar la verdad y la reparación, y abrirse a la reconciliación.

Mots clefs : Respect des droits des déplacés | S'opposer à l'impunité | Mémoire et paix | Organisation des Etats Américains | Gouvernement colombien | Soutenir des réparations morales des effets de la guerre | Colombie

La Organización Social Estudiantil, de la Universidad de Antioquia, tuvo la inspiración de proponer el evento y coordinarlo. El PDPMM – Laboratorio de Paz - se unió a la Iglesia y a la Alcaldía para acompañar la iniciativa. El acto, de 5 días, se llamó “La puesta del Dolor en la Escena Pública”.

La noche del 6 de octubre, en el patio encementado de la plaza central, frente al atrio de la Iglesia, fuimos convocados por más de 400 asesinados y desaparecidos cuyos nombres estaban sobre ladrillos blancos. Los rodeaban familiares que habían puesto flores y velas sobre los ladrillos. El número de muertos sobrepasó los 600 con los datos llegados durante la tarde. La gran mayoría víctimas de las autodefensas desde 1980.

De pronto, la ONG de los desmovilizados se sentó en la mesa directiva de cara a los ladrillos blancos de los asesinados y desaparecidos, repartió un afiche y un volante con el escudo que imprimieron al lado del emblema del PDPMM, y uno de ellos tomó la palabra ante la gente para pedir dramáticamente perdón y rezar.

El sentimiento de la dignidad humana vulnerada, sepultada, acallada, confundida, atravesó el silencio perplejo de los familiares y amigos de los muertos, en un espacio donde nadie se atreve a reaccionar ante el poder real de las autodefensas desmovilizadas.

Reaccionamos nosotros, inmediatamente, en el mismo escenario público, frente esta acción de las autodefensas que pone en evidencia la confusión con que están actuando tanto los desmovilizados de las AUC como el aparto nacional e internacional que apoya el proceso de desmovilización.

Dijimos que el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio es partidario de la desmovilización y encuentra valioso que los desmovilizados se comprometan públicamente a no volver a tomar las armas ilegales. Pero tomar el protagonismo en un evento de las víctimas, cohesionar el perdón de las familias quebradas por la violencia – porque las familias les tienen miedo además de dolor - presentarse como conciliadores aliados de Dios, entregar un afiche en que se ponen al lado de las familias adoloridas y del Laboratorio de Paz, y auto constituirse en contrapartes del evento de dolor, cuando se ha vulnerado tan salvajemente a un pueblo, es un irrespeto y una pérdida del sentido de la dignidad propia y de la dignidad de los demás.

Es posible que el gobierno colombiano haya perdonado a las autodefensas desmovilizadas. Es posible que la cooperación internacional les haya perdonado. Es posible que empresarios y políticos de Bogotá y de Medellín les hayan perdonado. Y por este perdón y reconocimiento de los que tienen el poder es posible que los desmovilizados confundidos se sientan avalados para imponer a la comunidad el otorgamiento del perdón, para tomar el protagonismo de una reconciliación exigida, y para reclamar la entrega de subsidios, empleos y confianzas.

Pero la comunidad víctima no ha perdonado todavía. Y aquí lo que importa no es el Estado, ni la cooperación internacional, ni otros actores con poder, sino la gente.

Hay dos cosas que todo ser humano sabe por la propia experiencia sobre el perdón. Primero, que nadie puede perdonar por las viudas y los huérfanos y los mutilados y los que quedaron parapléjicos por la acción de un victimario. Solo las víctimas pueden perdonar. Segundo, que el perdón es absolutamente libre ; a nadie se lo puede obligar al acto de magnanimidad humana y autonomía que es el perdonar. Nadie puede ejercer coerción para forzar el perdón.

Las comunidades del Magdalena Medio quieren la reconciliación y el perdón. Pero para perdonar las familias destrozadas piden primero la verdad y la reparación. Por lo menos evidencias de que se ha empezado a decir la verdad que pide la gente; las muestras de que se está iniciando a reparar lo que la gente quiere se les repare ; y la puesta en marcha de la desaparición de la organización de los “empresarios de la coerción”.

En Puerto Berrío, antes que los desmovilizados hablaran, las mamás y los niños habían hecho su petición: “díganme ¿dónde está mi hijo desaparecido?”, “¿Dónde está el cadáver de mi hija?”, “¿Por qué mataron a mi hermano?”. Estas peticiones no se respondieron.

Las familias – que viven dramáticamente el esfuerzo de sobreponerse al miedo de hablar, y el esfuerzo por superar odios y rencores - están en el derecho de exigir respuesta. Más aún, tienen el deber de hacerlo. Mañana los hijos crecidos reclamarán a sus mamás por la verdad y la justicia sobre el asesinato del papá que quedó en silencio porque las autodefensas y las instituciones exigían perdón.

Más allá de todo está la cuestión de dignidad. Dignidad de las víctimas. Dignidad de los propios victimarios - autodefensas que sin darse cuenta se ponen en evidencia como sinvergüenzas en esa noche dura de Puerto Berrío.

Un hombre vinculado a las autodefensas desmovilizadas nos abordó al concluir nuestras reflexiones en la plaza de Berrío. Dijo que habíamos hecho mal al hablar así. Respondimos que no aceptábamos coerción para definir el bien y el mal. No podemos callar lo que sentimos en conciencia. Nos reclamó por haber avergonzado a “los muchachos” desmovilizados, y le dijimos que precisamente queríamos que ellos tuvieran vergüenza de sus crímenes ; puesto que de lo contrario uno no reconoce, no dice la verdad, no repara con las acciones y los bienes propios el mal perpetrado.

De Puerto Berrío salimos hasta la Ceja, donde están recluidos los jefes de los desmovilizados, para ver a Julián Bolívar – Rodrigo Pérez – líder de las autodefensas de Puerto Berrío, para pedir respeto por las víctimas ; y respeto por ellos mismos, los perpetradores de los crímenes. Para expresar que no es aceptable que las cosas se hagan así. Para pedir a las autodefensas desmovilizadas que se ubiquen. Haber abandonado el delito del porte ilegal de armas es un comienzo de un camino hacia la claridad y la reconciliación que exige pensar primero en la comunidad victimizada, responder a sus demandas, esperar con paciencia y humildad la aceptación de quienes fueron destrozados, y confiar en la grandeza de una comunidad que esta dispuesta a creer si es tratada con dignidad humana.

Julián Bolívar entendió y pidió disculpas. ¿Lo entenderán el gobierno, la OEA, la cooperación internacional, la policía, los empresarios?